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En una época en la que la apertura y la aceptación de la diversidad sexual son cada vez más comunes, el uso de juguetes sexuales como vibradores y masturbadores sigue estando rodeado de cierto tabú. En este artículo exploramos por qué todavía existe ese estigma y por qué su uso debería considerarse completamente normal.
Los juguetes sexuales no son un fenómeno moderno. Desde la antigüedad, las personas han utilizado diferentes objetos para la estimulación sexual.
Antigua Grecia y Roma: Se han encontrado evidencias de objetos similares a dildos fabricados con piedra, cuero o madera. En estas culturas, la sexualidad se vivía con mayor naturalidad y estos objetos eran utilizados tanto por hombres como por mujeres. En algunos casos también tenían un significado simbólico o ritual.
Culturas orientales: En la antigua China se fabricaban objetos decorativos con jade o marfil. En India, el Kamasutra describe diversas técnicas y herramientas relacionadas con el placer, incluyendo juguetes sexuales.
Edad Media: En Europa, la sexualidad estuvo fuertemente influenciada por la religión, lo que limitaba las conversaciones abiertas sobre el tema. Aun así, existen indicios de que las personas seguían explorando formas privadas de estimulación.

Durante el siglo XIX, la sexualidad estaba fuertemente reprimida. Sin embargo, en esta época surgió un dispositivo clave: el vibrador.
Vibradores médicos: Los médicos utilizaban dispositivos mecánicos en tratamientos relacionados con la llamada “histeria”. Esto llevó al desarrollo de los primeros vibradores, que posteriormente evolucionaron a versiones eléctricas.
Uso doméstico: Algunos de estos dispositivos se comercializaban como productos de bienestar o masaje para uso en el hogar.
La revolución sexual del siglo XX marcó un cambio importante en la aceptación social. El movimiento feminista impulsó la exploración y la autonomía personal.
Años 60 y 70: Los juguetes sexuales comenzaron a venderse y promocionarse de forma más abierta.
Desde los 80 hasta hoy: La innovación tecnológica ha dado lugar a una gran variedad de productos, incluyendo dispositivos avanzados controlados por aplicaciones.
En muchas culturas, la sexualidad está ligada a normas tradicionales. Los productos asociados al placer no siempre encajan dentro de estas ideas.
La educación sexual limitada puede generar desinformación y percepciones negativas sobre estos productos.
El miedo al juicio social sigue siendo un factor importante. Además, algunos medios refuerzan la idea de que los juguetes sexuales son algo vergonzoso.
Los juguetes sexuales pueden ayudar a conocer mejor el propio cuerpo y las preferencias personales.
Tanto en solitario como en pareja, aportan nuevas experiencias y diversidad.
Su uso puede facilitar conversaciones abiertas y mejorar la conexión entre parejas.
Son uno de los productos más conocidos y están disponibles en múltiples formas.
Diseñados para la estimulación del pene, existen desde modelos simples hasta versiones avanzadas.
Se utilizan para trabajar la musculatura del suelo pélvico.
Los juguetes sexuales forman parte de la intimidad moderna y no deberían ser un tabú. Hablar abiertamente sobre el tema puede ayudar a reducir prejuicios.
Explorar este ámbito permite descubrir nuevas experiencias y ampliar la perspectiva personal sin barreras innecesarias.
Noah van Knippenberg
Especialista en Contenido de Novus Fumus
Noah van Knippenberg escribe para Novus Fumus sobre técnicas de cultivo, setas y temas relacionados con las smartshops. Basándose en su experiencia práctica, traduce temas complejos en información accesible y fiable.
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