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Con el kit de cultivo Macrogonus - Echinopsis macrogona, tienes todo lo necesario para cultivar tú mismo esta legendaria especie de cactus. Este kit incluye semillas frescas, una bandeja de germinación y una mezcla de tierra específica para que broten sin problemas. Ver crecer esta planta histórica desde la primera semilla es un proceso lento, pero te aseguro que es un proyecto botánico de lo más gratificante.
El cactus Macrogonus (Echinopsis macrogona, antes conocido en el mundillo botánico como Trichocereus macrogonus) es uno de esos cactus sagrados originarios de Sudamérica. Es súper resistente y aguanta lo que le echen; en la naturaleza le basta con lo mínimo para crecer fuerte. Botánicamente se parece mucho a la famosa Antorcha Peruana. Crece en columnas robustas y puede llegar a medir unos impresionantes 3 metros de alto, con un diámetro de entre 3 y 5 centímetros. Algunas variantes pueden ensancharse aún más con los años. Lo que más llama la atención es ese tono azulado e "glacial" tan característico que tiene.
El origen exacto de este cactus es todo un misterio botánico. Algunos expertos dicen que se descubrió en Bolivia, aunque hoy en día casi no quedan ejemplares salvajes allí. Otras teorías apuntan a las zonas montañosas de Brasil o Argentina. Lo que sí es seguro es que el Macrogonus, al igual que sus parientes cercanos, contiene mescalina de forma natural, un alcaloide psicoactivo muy potente. Por eso, este cactus lleva siglos siendo una pieza clave en las tradiciones ceremoniales de Sudamérica.
Para que tus cactus crezcan bien, hay que ser precisos. Sigue estos pasos al pie de la letra para preparar tu bandeja de cultivo.
Primero, haz 25 agujeritos en el fondo de la bandeja de plástico. Esto es fundamental para que el exceso de agua drene bien y las raíces no se pudran. Después, reparte la grava que viene en el kit por todo el fondo hasta que esté bien cubierto. Esto servirá para que el drenaje sea perfecto.
Mezcla el sustrato con la arena y la perlita, y ponlo todo en el recipiente. Tienes que esterilizar la mezcla para cargaros cualquier bicho o hongo. Puedes hacerlo en el microondas durante 35 minutos a potencia baja, o en el horno precalentado durante una hora. Luego, deja que se enfríe del todo.
Moja bien la tierra ya fría, pero sin que se encharque. Dale unos toques con un pulverizador, espera unos minutos y repite. Un truco: coge un poco de tierra y apriétala; no debería gotear agua.
Ya puedes poner las semillas en la tierra. Usa la punta de un lápiz para empujarlas con mucho cuidado unos 2 o 5 milímetros de profundidad. La mayoría suelen brotar en un par de semanas, aunque algunas pueden tardar entre 4 y 6 semanas. Cultivar cactus requiere tiempo, así que toca ser paciente.
Una vez plantadas, los cuidados son clave para que las semillas "despierten" y las plantas crezcan sanas.
Lo mejor es que la temperatura se mantenga estable entre los 20 y 28 °C. Ojo, que no pase de los 28 °C, porque el calor excesivo puede dañar a los brotes jóvenes.
Mantén la bandeja bien cerrada para que la humedad sea alta y la tierra no se seque. En cuanto veas aparecer los primeros minicactus, haz unos agujeros en la tapa. Ve haciendo más agujeros cada semana para que la humedad baje poco a poco. A los dos meses, las plantitas ya serán lo bastante fuertes como para quitar la tapa del todo.
Cuando ya hayan pasado esos primeros meses tan delicados, empieza la fase de mantenimiento. Aquí tienes las reglas de oro:
En los rituales etnobotánicos tradicionales, esta variedad es famosa por su carácter profundo y armonioso. Quienes lo han probado dicen que es un viaje iluminador que te hace mirar hacia fuera. Mientras que otras bebidas tradicionales como la Ayahuasca te fuerzan a un viaje interior a veces duro, el Huachuma (el nombre indígena de estos cactus) te ayuda a sentir una conexión total con el mundo que te rodea. Te ayuda a volver a tu centro y a superar bloqueos personales.
Los efectos suelen empezar entre 1 y 2 horas después de tomarlo con el estómago vacío y duran de 8 a 15 horas. Se suele notar que los sentidos se agudizan muchísimo: los colores son más intensos y los sonidos se oyen con todo detalle. Es común sentir una sensibilidad especial a la luz, donde las cosas o las personas parecen brillar con un halo suave. Las emociones también se intensifican y fluyen con facilidad, todo acompañado de una paz profunda y un sentimiento de amor universal. Comparado con el cactus Peyote, la experiencia con esta variante de San Pedro suele ser más agradable y tranquila. Además, el sabor no es tan amargo ni desagradable, por lo que es menos probable que te den náuseas al principio y el viaje es más suave para el cuerpo.