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Con las semillas de San Pedro T. bridgesii (100 unidades) tendrás todo lo necesario para cultivar tu propio cactus en casa. Estas semillas de primera calidad son ideales para coleccionistas apasionados y cultivadores que quieran vivir de cerca todo el proceso, desde que brotan hasta que se convierten en un cactus de columna adulto. Cuando crece, la planta destaca por su aspecto único y, como es natural, contiene mescalina.
Estas semillas vienen de la Trichocereus bridgesii, una especie menos conocida pero muy respetada dentro de la gran familia de los San Pedro. Tras una reciente reclasificación botánica, los expertos también lo llaman Echinopsis lageniformis. Aunque este cambio de nombre puede liar un poco al leer ciertos estudios, por suerte no afecta para nada a la potente genética de las semillas.
Este cactus es originario de Bolivia, donde lleva siglos siendo el protagonista de rituales etnobotánicos y tradiciones culturales. Además, en todo el mundo se aprecia como planta decorativa por sus formas tan curiosas. De hecho, debido a su silueta tan particular, se le conoce coloquialmente como el cactus pene. Al igual que sus parientes más cercanos, este cactus contiene el alcaloide psicoactivo mescalina.
Para cultivar este cactus necesitas las condiciones adecuadas, aunque lo bueno es que no requiere mucho mantenimiento. Una vez que las semillas germinen y los cactus empiecen a crecer, puedes tenerlos tanto dentro como fuera de casa. Solo tienes que seguir estos consejos:
A este cactus le encanta la luz natural. Lo ideal es ponerlo frente a una ventana orientada al sur para que reciba el máximo de sol posible. Si no tienes un sitio con mucha luz, una lámpara de cultivo te vendrá de perlas. La planta prefiere los climas cálidos y secos. Si lo tienes fuera, asegúrate de protegerlo de las heladas en invierno, ya que el frío extremo le hace mucho daño. Además, es importante que corra bien el aire para evitar problemas de humedad.
Es vital que la mezcla de tierra drene muy bien. Usa un sustrato específico para cactus o añade una buena cantidad de perlita o piedra pómez a la tierra normal. Las macetas de terracota son perfectas porque ayudan a que el exceso de humedad se evapore. Cuando lo vayas a trasplantar, ponte siempre guantes resistentes para no pincharte con las espinas de la base. Saca el cepellón con cuidado, pon el cactus en su nueva maceta y presiona un poco la tierra para que quede bien sujeto.
El exceso de agua es el peor enemigo de este cactus. No lo riegues hasta que la tierra esté completamente seca y veas que el cactus empieza a arrugarse un poco o se siente algo blando. Un truco fácil es usar un palito de madera: mételo hasta el fondo y, si sale limpio, es que está seco. Entonces dale un buen riego, dejando que el agua sobrante salga por los agujeros de la maceta. En otoño e invierno la planta entra en reposo, así que apenas necesita agua a menos que veas que el tronco se encoge demasiado.
Un cactus sano tiene un color verde brillante y está firme al tacto. Que tenga algunas manchitas marrones claras en la piel es normal, pero vigila si aparecen manchas redondas oscuras o negras, ya que podría ser un hongo. Si ves grietas profundas o zonas podridas, es que te estás pasando con el agua. También puede sufrir ataques de cochinilla, escamas o caracoles. Actúa rápido (por ejemplo, con alcohol isopropílico) para que la planta siga con fuerza.
Cuando el cactus ya es adulto (puede llegar a medir entre 60 y 90 cm), es muy fácil reproducirlo mediante esquejes. Usa un cuchillo esterilizado y corta un tallo sano de forma limpia por un nudo. Intenta no dañar las areolas (donde crecen las espinas) de la planta madre, porque de ahí saldrán los nuevos brotes. Deja que el corte del esqueje se seque bien durante un par de semanas hasta que forme una especie de callo antes de plantarlo en tierra seca y bien drenada. No lo riegues hasta que veas que han salido las primeras raíces.
Con los cuidados adecuados, es posible que el cactus llegue a dar unas flores blancas enormes, aunque es algo raro. Estas flores solo se abren por la noche y están cubiertas de unos pelitos blancos muy finos.
En las ceremonias tradicionales, la versión adulta de este cactus es famosa por su carácter suave y equilibrado. Quienes lo han probado suelen comparar la experiencia con la del Trichocereus peruvianus. Los efectos son sobre todo sensoriales, centrándose mucho en imágenes coloridas y vibrantes. Es un viaje visual bastante tranquilo. Las sensaciones y las visiones se mezclan de forma armoniosa, creando una experiencia lúcida y reveladora sin llegar a ser agobiante.